¡ÁNGELES!

"Se trata de dar, de vez en cuando, forma a los ideales..."

Javier Sádaba

El mundo de los ángeles es amplio. Se encuadra en un conjunto de personajes que incluye a genios, héroes, demonios, dioses, semidioses o duendes. Y los hay para todos los gustos. Desde los que poseen forma humana hasta los muy abstractos, pasando por los benévolos o los perversos. Por cierto, estos últimos son los que han solido estimular más la imaginación literaria y no literaria. El mundo de los ángeles es un mundo encantado. De ahí que aparentemente tenga poco que decir a nuestra racionalizada y desencantada sociedad. Pero ¿es esto así?. Creo que no. Como enseguida indicaré, los ángeles son un signo de nuestros días malos y un símbolo de esos días que querríamos que fueran buenos. Más tarde entraré en ello. De momento dos palabras adicionales sobre el mundo de los ángeles. Los ángeles se encuentran en todas las culturas. Nosotros conocemos mucho más, como es obvio, sobre los ángeles judeocristianos que, por su parte, heredan la tradición que viene de Persia. "Ángel" quiere decir enviado y es una palabra latina procedente del griego que, al final, se remonta al hebreo. Los ángeles serían los enviados de Dios, los intermediarios entre el Dios único y los hombres. Y es que en una religión monoteísta en la que un Dios sobresale, poderoso, sobre el resto, cualquier otro ser está a su disposición. De ahí que los ángeles sean los encargados de las misiones que el Altísimo les encomienda. Mucho más tarde, en los evangelios o en las epístolas de Pablo, la presencia de los ángeles va desapareciendo a favor de Cristo. En una cultura laica que no cree ya en dioses ni grandes ni pequeños, los ángeles se convertirán pronto en fuente de imaginación artística.

Por eso los pintores, escultores o artistas en general, recurrirán a ellos como se recurre a un arquetipo o a una inagotable fuente de inspiración.

Y los poetas, de Rilke a Alberti, nos obsequiarán con espléndidos poemas en los que los ángeles toman la palabra o resplandecen en ella. Es ésta una breve historia de estas mágicas figuras. Pasemos ya a las dos afirmaciones que dejamos colgando, casi aladas como los ángeles, al principio. La primera decía que los ángeles son un signo. Efectivamente, los americanos, y si hacemos caso a H. Bloom, creen en los ángeles en una proporción extraordinaria: casi el setenta por ciento. Y cuanto más materializada y supereconómica es una parte de dicha nación, como es el caso de Chicago, mayor es la creencia en los ángeles. ¿Qué puede significar esto?. Que el ser humano necesita recurrir a imágenes y fantasías que satisfagan lo que la pura economía no puede hacer. A más dinero y competitividad, mayor huida a mundos angélicos. A menor capacidad de contacto humano, mayor vuelo hacia los alados ángeles, arcángeles, tronos y dominaciones. El orientalismo, la magia, la autoayuda y la retórica angelical son el signo de una sociedad embotada que recibe por la ventana lo que ha expulsado por la puerta. No es, en consecuencia, muy simpática esta recuperación del universo angelical con la que nos obsequian individuos en los que el egoísmo se ha convertido en su Dios y el dinero en su gloria. Pero afortunadamente la simbolización angelical no acaba ahí. Es verdad que nuestra infancia está tejida de cuadros cursis en los que los ángeles son tan melifluos y débiles que producían vergüenza. Detrás, sin embargo, de esos seres andróginos se insinúa también la búsqueda de la inocencia perdida, la infancia que lucha contra la mentira, el descanso ante una sexualidad compulsiva, la vida, en fin, apacible y tranquila que, lejos de la dureza material, nunca dejamos de anhelar. No se trata de retomar la angeología apartándonos de las obligaciones cotidianas. Ni de rezar aquello de "Ángel de mi guarda, dulce compañía...". Se trata de dar, de vez en cuando, forma a los ideales. Y rechazar, eso sí, el embuste.

Firma Javier Sádaba

Javier Sádaba
Filósofo y Teólogo.
Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid

Foto Javier Sádaba