UNA LABOR ENTRAÑABLE

"La solidaridad verdadera se ejerce en el silencio..."

Alfredo Bryce Echenique

He aprendido con el tiempo que los seres más generosos son aquellos que se sienten endeudados con una vida que les ha dado tanto.
La doctora María Teresa Iradier- mi amiga Maite, dicho sea de paso, con dicha- nació en tierra venezolana, hija de ese inmenso y duro exilio español que tanta riqueza y enseñanza dejó en los países de Iberoamérica que supieron acogerlos con la mente , los brazos y el corazón abiertos. En tierra venezolana, ella fue la niña Maite, de infancia feliz y paz con el mundo, y a la tierra española de sus padres regresó para hacer sus estudios universitarios y convertirse en la doctora María Teresa Iradier, Cirujana Oftalmóloga. Pero también regresó para mirar atrás con un amor y una generosidad que no podían quedarse en suspiros de nostalgia y aires musicales de allende el mar. Esto habría sido bastante fácil y egoísta. Se puede hacer bastante más cuando se recuerda generosamente y con gratitud los brazos, las mentes y los corazones abiertos que acogieron a tantos como uno, en tierras americanas. Se siente con amor el derecho a exigir, por ejemplo, que la inmigración a España pase en primer lugar por los iberoamericanos. Y paralelamente se siente, con el mismo amor, el deseo de dar todo aquel conocimiento médico que en España se adquirió y que en los amados paises del exilio tanta falta hace hoy. Por eso, y por esos de los más generosos endeudamientos, la doctora María Teresa Iradier ha puesto sus conocimientos de experta oftalmóloga a disposición de todo aquel que los necesite, en Internet.

Los seres endeudados de amor y fidelidad lo hacen todo gratuitamente, por supuesto, porque estas cosas del corazón y la entrega solidaria de qué otra forma se podrían dar. La solidaridad verdadera se ejerce en el silencio y con total altruismo, más no en el anonimato, ya que canalizar la bondadosa entrega del saber personal requiere eficacia profesional.
Así nace lo que llamamos un equipo de trabajo. Personas que intercambian ideas, experiencias y conocimientos. Personas que están en España pero que, poco a poco, estarán en todos esos países de Iberoamérica donde la medicina privada está fuera del alcance de inmensas poblaciones y la sanidad social está en pañales o, más simple y cruelmente, ni siquiera existe. Y así nace también esa curiosidad científica que siempre en busca de la eficacia y el buen rendimiento, hace que un equipo de trabajo como el de la doctora Iradier entre en contacto con organizaciones, pioneras de estas iniciativas en el mundo y que, por lo tanto, tendrán más de un sabio consejo teórico o práctico que aportar. Y así también la cadena crece, el invisible tejido de la solidaridad se agranda y se profundiza, y va convirtiéndose en ese grueso manto de amor y ciencia que, día a día, arropará a más desamparados. Y crecerá hasta alcanzar la perfección humana que consiste en saberse servir de la tecnología, aplicándola a la medicina, pero sin olvidar jamás , por supuesto, el factor humano, o lo que más sencillamente llamaré el calor humano: esa mano de un médico posada en la frente de un enfermo.
O sea, algo que jamás podrá aportar computadora alguna.

Firma Bryce Echenique

Alfredo Bryce Echenique, Escritor

Fotografía Bryce Echenique

Fotografía: Gorka Lejarcegui